MARIA JOÂO PIRES, piano

I Part
  • Sonata per a piano en la major, D. 664    F. Schubert (1797 – 1828)

I. Allegro moderato                                                                      

II. Andante

III. Allegro

    • Suite bergamasque    C. Debussy (1862 – 1918)

    I. Prèlude

    II. Menuet

    III. Clair de lune

    IV. Passepied

        II Part
        • Tres nocturns, op. 9    F. Chopin (1810 – 1849)

        I. Larguetto, en si bemoll menor

        II. Andante, en mi bemoll major

        III. Allegretto, en si major

            • Dos nocturns, op. 27.

            I. Larghetto, en do sostenido menor

            II. Lento sostenuto, en re bemoll major

                  • Nocturn núm. 19 en mi menor, op. post. 72

                        • Dos valsos, op. post. 69

                        I. Lento, en la bemoll major

                        II. Moderato, en si menor      

                        MARIA JOÂO PIRES, piano

                        Nacida el 23 de julio de 1944 en Lisboa, Maria João Pires realizó su primera actuación pública a los 4 años. Empezó sus estudios de música y piano con Campos Coelho y Francine Benoît, y, posteriormente con Rosl Schmid y Karl Engel en Alemania. Además de sus numerosas actuaciones, ha hecho grabaciones para el sello Erato durante quince años y para Deutsche Grammophon durante veinte años.

                        Desde la década de 1970, Pires se ha dedicado a reflejar la influencia del arte en la vida, la comunidad y la educación, tratando de descubrir nuevas maneras de establecer esta forma de pensar en sociedad. Busca nuevas vías, respetando el desarrollo de individuos y culturas, para fomentar el intercambio de ideas.

                        En 1999 creó en Portugal el Belgais Centre, dedicado al estudio de las Artes, dónde Maria Joâo Pires ofrece regularmente talleres interdisciplinarios para músicos profesionales y amantes de la música. En la sala de conciertos de Belgais se realizan con frecuencia conciertos y grabaciones; en el futuro, estas se compartirán con la comunidad digital internacional

                        En el año 2012, la pianista inició dos proyectos complementarios en Bélgica: los “Coros Partitura”, un proyecto que crea y desarrolla coros para niños de entornos desfavorecidos y los “Talleres Partitura”. Todos estos proyectos tienen como objetivo crear una dinámica altruista entre artistas de diferentes generaciones, proponiendo una alternativa a un mundo demasiado centrado en la competitividad. Estos proyectos, talleres y filosofía ya se están difundiendo por todas partes.

                        NOTAS AL PROGRAMA

                        Comentarios al concierto

                        Mercè Pons (compositora y directora del Gabinete de Comprensión Musical GACOMUS)

                        Franz SCHUBERT (1797 – 1828)
                        Sonata para piano en la mayor, D 664

                        Franz Schubert fue un gran admirador de Beethoven. Ambos compositores eran clasicistas, pero situados en la frontera con el nuevo estilo que empezaba a principios del siglo XIX: el Romanticismo. Beethoven construía la forma sonata con temas contrapuestos que implicaban un desarrollo conflictivo, aportando dramatismo a sus obras. En Schubert, con un carácter personal muy diferente al genio de Bonn, no encontramos estos contrastes temáticos y fuertes tensiones, sino una continua evolución musical de la cual fluye un espíritu lírico, una maravillosa efusión que crece y evoluciona para transformarse hasta el infinito a través de fantásticas modulaciones.
                        Las sonatas para piano de Schubert nos deleitan por sus conmovedoras melodías, su concisión rítmica y su riqueza armónica que se desarrollan en unas estructuras clásicas que evolucionan por su extraordinaria sensibilidad y expresividad inmensas.
                        La Sonata en la mayor D 664 fue compuesta en 1819 y está estructurada en tres movimientos. El Allegro moderato inicial presenta un tema amable y muy cantabile que muy poco a poco se transformará en una melodía más oscura, y todo ello desembocará en un desarrollo muy apasionado y poderoso. Al final nos conducirá de nuevo a la idea inicial, como si todo lo que hubiéramos escuchado fuera fruto de un sueño. El segundo movimiento, Andante, comienza con una introducción de carácter doloroso que se transforma en una melodía íntima y conmovedora, del más puro estilo romántico. El tercer movimiento, Allegro, presenta un primer tema ingenuamente alegre y delicado que combina con un tema más intenso, y ambos se relacionan para ofrecer al oyente diferentes caracteres anímicos que se alejan de todo virtuosismo superfluo y siguen siempre el puro reflejo exquisito del pensamiento musical de Schubert.

                        Claude DEBUSSY (1862 – 1918)
                        Suite bergamasque

                        Debussy era considerado por el compositor Pierre Boulez (1925-2016) “el padre de la música moderna”. En él se sintetizan rasgos musicales de muy diversas procedencias. Podemos encontrar el cromatismo wagneriano, la armonía no funcional rusa (Mussorgsky, Rimsky-Korsakov), los modos antiguos, así como algunas músicas populares (el gamelán javanés, el flamenco español o la música de baile estadounidense). Calificado (igual que Ravel) de músico impresionista, fue un auténtico revolucionario que generó un gran impacto en el rumbo que tomaría la música en el siglo XX.
                        La Suite bergamasque probablemente fue compuesta en 1890 (al menos parte de ella), pero no fue publicada entera hasta el 1905. Esta célebre obra formada por cuatro piezas está basada en el mundo de la Commedia dell’Arte y los poemas de Paul Verlaine, y se considera legendaria en el campo de las obras para piano solo. Utiliza la estructura de la suite barroca como punto de referencia y conserva los nombres de tres de sus partes: Preludio, Minueto y Passepied.
                        Sin embargo, y teniendo en cuenta el lenguaje del compositor, encontramos modificaciones tanto en el uso armónico como en el pensamiento de la línea melódica. Como siempre, Debussy deja que la música fluya mientras se guía por su fantástico oído innato.
                        En el Preludio inicial que comienza con carácter triunfal encontramos el conocido carácter de la improvisación, tan bien conducido por el compositor. El Minuet presenta un carácter más juguetón que su homólogo barroco. La tercera pieza, titulada Clair de lune (Claro de luna), es la única de las cuatro que no corresponde, por el nombre, a ninguna parte de una suite. Esta es una de las piezas más famosas, si no la más famosa, de Debussy. Ha sido utilizada en innumerables ocasiones como música incidental para películas o asociada a la representación musical de la pintura impresionista. El tiempo lento, el sentimiento intrigante y reflexivo incrementado por las frases inacabadas, nos crea una sensación de ambigüedad. Un sentimiento de calma que nos lleva a una contemplación melancólica y sensual a la vez. Termina la obra con un Passepied (danza cortesana francesa de los siglos XVII y XVIII) de tempo más rápido en comparación a la danza original.

                        Frédéric CHOPIN (1810 – 1849)
                        3 Nocturnos op. 9; 2 Nocturnos op. 27; Nocturno 19 op. post 72;
                        2 Valses op. post 69

                        La dedicación del romántico Chopin a la música para piano fue total y absoluta, incluso en sus canciones, donde este instrumento tiene un papel muy considerable del que sólo encontramos precedentes en los lieder del primer compositor que escucharemos esta noche: F. Schubert. El lenguaje armónico utilizado por Chopin fue una clara influencia en la etapa de transición en el s. XX y, más en concreto, en la llamada música impresionista. La sensación de indefinición tonal fruto de las ondulaciones que van cambiando poco a poco produciendo modulaciones ligeras y acuerdos alterados enamoraba a nuestro segundo compositor de hoy: Debussy. John Field (1782-1837), el compositor irlandés alumno de Muzio Clementi, fue el primer creador en utilizar el término “nocturno” en el sentido romántico que reconocemos, sinónimo de meditación en un clima íntimo, soledad, melancolía, misterio y poesía que podríamos encontrar en la noche. Pero fue Chopin (gran admirador de Field) quien otorgó a este género musical su carácter más universal.
                        F. Chopin compuso veintiún nocturnos entre los años 1829 y 1846, de los cuales los dieciocho primeros fueron publicados en vida del autor y el resto de forma póstuma. Conservando el estilo de Field de hacer “cantar” la melodía en la mano derecha del piano, Chopin consiguió que realmente sonara como la voz humana, y este hecho proporciona a estas piezas cortas un carácter aún más profundo. El mismo Franz Liszt llegó a decir que veía en los nocturnos de Chopin claras influencias del belcantismo de Vincenzo Bellini.
                        Alumnos de Chopin testimoniaron que el compositor les pedía en sus interpretaciones “un estilo cantable que ayudara a comunicar el trasfondo vocal del género”. Además, la estructura interna de los nocturnos está inspirada en las arias de las óperas italianas y francesas. Así pues presentan una forma ternaria a la que Chopin contribuyó dotando la sección central de un carácter independiente y de expresividad absolutamente diferente a las secciones extremas. Con todo ello Chopin nos conduce, a través de esta forma sencilla y transparente, a un mundo donde caben todos los sentimientos poéticos que podamos imaginar.
                        El Vals núm. 1 op. post 69, también llamado “Vals del adiós”, fue compuesto en 1835, y aunque está dedicado a Charlotte de Rothschild (alumna de Chopin), el compositor lo ofreció como presente a María Wodzinska, que fue durante unos años su prometida. En este expresivo vals en tiempo lento, la sección central presenta el carácter de una mazurca (otro género también cultivado por Chopin). El Vals núm. 2 op. post 69 se compuso en 1829, pero no se publicó hasta el 1852. En esta obra de juventud podremos observar como el compositor trata la técnica de la ornamentación para producir la variación melódica.

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