ADDA SINFÓNICA

Pablo SÁINZ-VILLEGAS, guitarra

Josep VICENT, director

I Part

 

Simfonia núm. 1, “Clàssica”, en re major, op. 25   Serguei Prokófiev  (1891 – 1953)

    • Allegro
    • Larguetto
    • Non troppo allegro
    • Molto vivace

 

Concierto de Aranjuez per a guitarra i orquestra    Joaquín Rodrigo (1901 – 1999)

    • Allegro con spirito    
    • Adagio
    • Allegro gentile
II Part

 

Simfonia núm. 5 en mi menor, op. 64    P. I. Txaikovski (1840 – 1893)

    • Andante / Allegro con anima
    • Andante cantabile, con alcuna licenza
    • Valse. Allegro Moderato
    • Finale. Allegro maestoso / Allegro Vivace

ADDA • SIMFÒNICA

Josep Vicent, director titular

Orquesta estable del Auditorio de la Diputación de Alicante, ADDA-Fundación de la Comunidad Valenciana. Su sorprendente trayectoria ha generado enorme repercusión nacional e internacional por la calidad y energía de su personalidad sonora.

ADDA·SIMFÒNICA trabaja con directores invitados como el maestro Valery Gergiev, Christian Lindberg, Álvaro Albiach, Jurjen Hempel, Yaron Traub, entre otros, junto a solistas como Maria Joao Pires, Pacho Flores, Ángeles Blancas, Stefano Bollani, Denis Kozhukhin, Juan Floristán, Varvara Nepomnyashchaya, Damián Martínez, María Florea, Sandra Ferrández, Alexander Ullman, Iván Martín, Joan Enric Lluna, Ginesa Ortega, Marina Heredia, Cañizares, Juan Echanove, Joaquín Achúcarro, Igor Yebra, etc. Michel Nyman y David Mora han escrito obras para la formación. Ha mantenido colaboraciones con el Coro de la Comunidad de Madrid, Orfeó Valencià, Spanish Brass y Títeres Etcétera entre otros.

Además de su actividad sinfónica, la orquesta mantiene una programación con fuerte presencia contemporánea y de recuperación del repertorio histórico, a la vez que desarrolla una importante actividad social y pedagógica. Ha realizado conciertos especiales para el Festival Summer of Purpose, el Premio Azorín del Grupo Planeta, la Gala Nacional del Deporte, los conciertos para la apertura de la Volvo Ocean Race, y colaboraciones con la aclamada formación teatral y operística La Fura dels Baus (Carmina Burana y La Creación de Haydn).

Su proyecto discográfico contiene repertorios de Stravinsky, Mahler, Beethoven, Prokofiev, Barber, Manuel de Falla, y es alabado por la crítica especializada, consiguiendo el distinguido Melómano de Oro con su trabajo Music for Emotions. Recientemente ha firmado un contrato internacional con Warner Classics.

En la temporada 20/21 ha estado presente junto a su director titular, Josep Vicent, en el Palau de les Arts de València y el Auditori de Castelló; próximamente realizará una gira por China y participará en festivales de Italia y Holanda, colaborando con artistas de la talla de las hermanas Labeque o Denis Kozhukhin.

El violonchelo Stradivarius del Palacio Real descubrió a los conservadores de Patrimonio Nacional colores e intensidades que nunca antes habían oído, cuando lo pusieron en manos de Guillermo Pastrana (yo estaba presente cuando lo afirmaron). Es lo mismo que sucede cuando le das una gran orquesta a un gran maestro. Y ADDA·Simfònica es, sin lugar a dudas, un instrumento de primer rango mundial”.

MELÓMANO

“La orquesta ADDA-SIMFÒNICA ha realizado una de sus más rutilantes actuaciones desde que fuera fundada el pasado verano por su director titular, Josep Vicent. Éste ha sido el artífice de una velada absolutamente memorable”.

SCHERZO

“La ovación del público fue brumadora y unánime como resultado de un gozo al límite de lo soportable por la sinceridad, generosidad y magnificencia de una interpretación que quedará en la carrera de Josep Vicent y en la historia de la orquesta por haber sido protagonistas de una de las experiencias imborrables de la vida musical y artística de Alicante”.

EL MUNDO

“Arriva da Alicante, in Spagna la storia di Adda Simfònica. Ha conquistato identità e pubblico”.

AMADEUS, Italia.

Josep VICENT, director

Desde 2015 Josep Vicent es director artístico y musical del Auditorio ADDA en España. Director principal de la orquesta ADDA Sinfónica desde 2018. Director titular de Jeunesses Musicales World Orchestra desde 2005, fue también titular de la Orquestra Simfònica Illes Balears y director artístico del Festival Xenakis.

En la temporada 2020/21 combinará su cargo de director principal de ADDA Sinfónica con conciertos como director invitado al frente de la Ópera de Rouen (Francia) y con la Orquesta Nacional de España. Además podremos verle dirigiendo diferentes programas de ADDA Sinfónica en Alicante con la colaboración de solistas como Ginesa Ortega (cantaora), Iván Martín (piano), Damián Martínez (violonchelo) y Ángeles Blancas (soprano).  En agosto está prevista la participación de la formación alicantina con el guitarrista Pablo Sáinz-Villegas en el Festival Internacional de Pollença.

La temporada pasada dirigió orquestas como la Nacional de Lille, la Sinfónica de Milán Giuseppe Verdi i la WDR Funkhausorchester en el Concertgebouw de Ámsterdam entre otras.

Su apasionante carrera como director incluye colaboraciones regulares con algunos de los conjuntos más prestigiosos de España y de todo el mundo:  Filarmónica de Rotterdam, Orquesta de Cámara de Paris, Orquesta Nacional Belga, Residentie Orkest The Hague, Orquesta Nacional de España, Orquesta Sinfónica de Kiev, Gewandhausorchester Leipzig, Orquesta del Théâtre Royal de la Monnaie, Orquesta Sinfónica de Londres, Filarmónica de Liverpool, Royal Philharmonic Orchestra, Philharmonie Zuidnederland, Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña, Slovenian Philharmonic, Orquesta Sinfónica de Chile, New World Symphony Miami…

Josep Vicent ha dirigido producciones operísticas en el Teatro Real de Madrid, el Teatre del Liceu de Barcelona, la Ópera de Leipzig y el Teatro de la Maestranza de Sevilla. Trabaja también como director musical con La Fura dels Baus desde 2014.

Su reconocida trayectoria en la música contemporánea le ha llevado a estrenar con gran éxito cientos de obras de nueva creación. Fue director artístico del Amsterdam Percussion Group y dirige regularmente formaciones especializadas.

Exasistente del maestro Alberto Zedda, Vicent fue galardonado con el Primer Premio de Interpretación de Jeunesses Musicales, Premio de las Artes Ciudad de Valencia 2013 y Premio Óscar Esplá Ciudad de Alicante. Además, ha sido nombrado Embajador Internacional de la Fundación Cultura de Paz, presidido por D. Federico Mayor Zaragoza, como resultado de su activa agenda solidaria con proyectos interculturales para las nuevas generaciones.

Pablo SÁINZ VILLEGAS, Guitarra

“La música pertenece a la gente y la guitarra es una voz muy cercana a su corazón”. Pablo Sáinz-Villegas ha sido aclamado por la prensa internacional como el sucesor de Andrés Segovia y un embajador de la cultura española en el mundo. Es el primer guitarrista solista en tocar en el Carnegie Hall de Nueva York desde que lo hiciera el maestro Andrés Segovia en 1983 y el primer guitarrista en tocar con la Orquesta Sinfónica de Chicago desde el 2001.

Desde su debut con la Filarmónica de Nueva York bajo la batuta de Rafael Frühbeck de Burgos en el Avery Fisher Hall del Lincoln Center, ha tocado en más de cuarenta países y con orquestas como la Filarmónica de Israel, Sinfónica de San Francisco, Tonhalle de Zurich y la Orquesta Nacional de España. Ha trabajado con Miguel Harth-Bedoya, Carlos Kalmar, Alexander Shelley, Richard Egarr, Robert Spano o Juanjo Mena y ha tocado en teatros como el Tchaikovsky Concert Hall de Moscú, el Musikverein de Viena, el Concertgebouw de Ámsterdam, el Centro Nacional de las Artes de Beijing y el Hollywood Bowl de Los Angeles entre muchos otros, convirtiéndose así en el “embajador global de la guitarra española” (Billboard Magazine).

En la temporada 2020/21 tocará el concierto de Año Nuevo con la Orquesta Filarmónica de Berlín y su director titular Kirill Petrenko. El último guitarrista que tocó con la Orquesta Filarmónica de Berlín en la Philharmonie fue el maestro Narciso Yepes en 1983. Otros compromisos le llevarán a tocar en la Ebphilharmonie de Hamburgo, el Carnegie Hall de Nueva York, el Festival de Granada, el Auditorio Nacional de Madrid y el Palau de la Música en Barcelona.

Plácido Domingo le describe como “el maestro de la guitarra española” y con él ha grabado a dúo el álbum Volver para el sello discográfico SONY; también participó en el homenaje celebrado en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid para más de 85.000 personas y en un concierto sobre un escenario flotante en el río Amazonas televisado para millones de espectadores. Ávido impulsor del desarrollo del repertorio de la guitarra ha realizado estrenos mundiales entre los que se encuentra la primera obra escrita para guitarra del compositor de bandas sonoras y ganador de cinco premios Oscar, John Williams, así como de los compositores Tomás Marco, Jesús Torres, Mª Dolores Malumbres, David del Puerto y Sergio Assad entre otros. Pablo Sáinz-Villegas es artista exclusivo de SONY Classical.

Habitual intérprete en conciertos institucionales, ha tocado para la Familia Real española, para líderes internacionales como el Dalai Lama, la casa de subastas Sotheby’s y los Grammy. Galardonado con más de treinta premios internacionales, así como con el galardón a las Artes Riojanas, el premio El Ojo Crítico de RNE y el premio Trelles Villademoros concedido por el Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias. Artista comprometido socialmente, Pablo Sáinz-Villegas fundó en 2006 el proyecto “El legado de la música sin fronteras” compartiendo su música con más de 45.000 niños y jóvenes en todo el mundo.

Pablo Sáinz-Villegas nació en La Rioja (España) y desde el 2001 vive en Nueva York.

NOTES AL PROGRAMA

Tres obras y tres guerras

Antoni Pizà

Professor de Musicologia a The City University of NY

Cuando un director y su orquesta seleccionan un programa de concierto pueden adoptar muchos criterios para elegir las obras a ejecutar. Algunos son criterios prácticos (qué obras tienen ya en repertorio y qué tocan realmente bien, por ejemplo) y otras son de índole estética. Crear coherencia, variedad, belleza; encontrar ese punto medio entre entretener al público y al mismo tiempo educarlo, descubrirle alguna obra insólita o un compositor menos conocido son posibles consideraciones. El programa del concierto acaba siendo como un libro con distintos capítulos o una serie con varios episodios, cada uno de ellos más o menos independiente, pero en el fondo todos relacionados por una lógica a veces muy explícita y otras veces un poco menos. El público -cada uno de nosotros- es libre de intentar encontrar este hilo o estos hilos conductores entre las distintas obras de un concierto. De hecho, no sería mala idea que cada uno de nosotros intentara conectar las distintas partes del todo coherente que es un concierto. Ello no quiere decir que nuestras conclusiones sean verdades incuestionables o que los intérpretes y programadores hayan previsto estas relaciones, estas conexiones, pero intentarlo -lanzarse a preguntarse: ¿qué me quieren contar a mí estos músicos? – será siempre una experiencia gozosa.

He ahí, por ejemplo, -y se trata sólo de un “ejemplo”, no de un axioma incuestionable- que todas las obras que se presentan en este concierto hoy tienen en común el tema de la guerra. Las tres grandes obras que se interpretan en este programa fueron creadas bajo circunstancias bélicas terribles, a veces justificadas como necesarias para la mejora de la gente. La Sinfonía núm. 1, “Clásica”, en re mayor, op. 25 de Serguéi Prokófiev (1891-1953) fue escrita durante la Revolución de Febrero, que fue la primera fase de la famosa Revolución Rusa (1917) que acabó con el régimen del zar Nicolás II y supuso el comienzo del régimen comunista. El compositor, miembro en cierto modo de las élites culturales y artísticas del país, pudo refugiarse en el campo e incluso pudo tomar unas vacaciones. Este acto, de aparente negligencia o egoísmo o tal vez de puro instinto de supervivencia tuvo como resultado esta popularísima obra.

Huir de los disturbios de los revolucionarios le dio un buen resultado a Prokófiev, porque fue capaz de crear una obra de arte que en el fondo ha hecho más bien a la humanidad que algunos disturbios revolucionarios. Como es sabido, se la llama “clásica” porque el compositor toma como modelo las sinfonías de finales del s. XVIII y principios del XIX de Haydn y Mozart, es decir, obras en cuatro movimientos y de estructura muy clara y textura diáfana. Otra peculiaridad es que Prokófiev, que era un virtuoso del piano, quería practicar la composición sin piano, es decir, escribir la partitura en un escritorio, todo “de cabeza”, sin depender de un teclado. Para ello, su ligereza y relativa sencillez supusieron una ocasión extraordinaria, y él la quiso aprovechar. El éxito de su esfuerzo es evidente.

El famosísimo Concierto de Aranjuez para guitarra y orquesta de Joaquín Rodrigo (1901-1999) también tiene sus orígenes en un conflicto bélico. En 1939, el compositor y su mujer vivían en París y en otros lugares de Europa, esperando que acabara la Guerra Española (1936-39). Aparte de la guerra, Victoria Khami, la mujer de Rodrigo, perdió un niño durante el embarazo, y de todos estos problemas -además de una gran inspiración y buen oficio, naturalmente- surgió esta popular obra. Cuando terminó la guerra, el Concierto se estrenó en Barcelona en 1940. La censura y las autoridades no dijeron ni pío: era una obra tradicional, melódica, sin ínfulas de modernidad extranjera. Además, el tema eran los jardines de la ciudad de Aranjuez y los monarcas que iban a veranear. Tradicionalista o no, franquista o no, el Concierto ha superado la prueba del tiempo gracias a sus méritos exclusivamente artísticos y es una de las grandes obras del repertorio para guitarra. Que se hayan hecho versiones en idiomas de jazz y pop del segundo movimiento, Adagio, no ha hecho más que aumentar su prestigio.

La Sinfonía núm. 5, en mi menor, op. 64 de P. I. Tchaikovsky (1840-1893), ya para concluir, también se relaciona con este hilo conductor de las guerras. Durante el episodio de la II Guerra Mundial denominado el Sitio de Leningrado (1941-44), las tropas nazis -con la colaboración del ejército de Finlandia y la División Azul de España- crearon un bloqueo total de 872 días en San Petersburgo. Guerra, hambre, infecciones, miseria… los habitantes de una de las ciudades más cultas de Europa pasaron cerca de tres años de humillaciones, sacrificios y pobreza extrema. El arte, sin embargo, fue uno de los pocos salvavidas para la gente de la ciudad. Concretamente, el 20 de octubre de 1941, mientras las fuerzas extranjeras bombardeaban San Petersburgo, la Orquesta de la Radio de Leningrado interpretó sin interrupción -haciendo caso omiso de las bombas- la Sinfonía núm. 5. El concierto fue retransmitido en directo por la radio en Londres, ciudad también amenazada por la furia nazi, y desde entonces esta obra es considerada un símbolo de la democracia y la libertad. No en vano la Sinfonía adopta una forma cíclica (es decir, algunos temas se repiten en todos los movimientos) y pese a no ser una obra programática (con un tema literario o ideológico concreto), desde las primeras ejecuciones se ha relacionado esta quinta sinfonía con la de Beethoven y el tema del “destino”, de la superación de las dificultades a través del esfuerzo.

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